A la Plaça Tian’anmen hi arribem a quarts d’una. No som els més matiners del món, però és que pel matí plovisquejava i quatre hores de visita les considerem més que suficients.
Tot i la pluja matinera, la temperatura aquí no baixa.
El sol a tornat a aparèixer (millor per les fotos) i sota ell fem cua juntament a d’altres centenars de persones, la majoria xinesos. Entrar a la Ciutat Prohibida ens produeix certa excitació. Imaginem altres èpoques on només els escollits podien accedir aquí, afers importants s’hi dirimien, l’emperador s’hi passejava i tots els altres l’admiraven o feien conxorxa en contra d’ell. Ja som dins i admirem els cinc ponts que travessen el rierol i donen accés a un nivell més central, més important. El central era pels emperadors, els del costat per les seves famílies i els altres dos pels funcionaris.
Travessem la porta principal, la Porta de l’Harmonia Suprema, que ens porta a les Sales de l’Harmonia Suprema, l’Harmonia Central i l’Harmonia Preservada, des d’on l’Emperador gestionava l’imperi. Hi ha molta gent. Grups de persones
I de cop ja són les cinc de la tarda. Estem cansats però encara voldríem veure més.
No hi ha manera, els altaveus i els vigilants ja ens indiquen el camí de sortida i van tancant portes darrera seu. Així ens trobem a la porta nord de la Ciutat, la Porta de la Potència Divina, i pugem fins el Turó del Carbó o parc Jingshan, un mont fet amb la terra sobrant de la construcció de la fossa que envolta la Ciutat Prohibida. I quina muntanyeta que es van construir! S’eleva notablement per sobre la Ciutat i se’n té una visió privilegiada. Passejarem pels seus jardins fins a la posta de sol.S’acosta la fi del dia. Avui tampoc sortirem.
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Hoy si que encontramos el bus. Después de una buena dormida y un copioso desayuno nos dirigimos tranquilamente hacia la entrada de la Ciudad Prohibida.
Antes pero necesitamos recopilar información para la expedición que planificamos para mañana, la Gran Muralla, y nos adentramos en un magnífico y renovado hutong. Sabemos que los hostales a menudo proponen expediciones y queremos valorar la posibilidad así como enterarnos de todo lo que es posible hacer aquí.A la Plaza Tian'anmen llegamos sobre las doce y media. No somos los más madrugadores del mundo, pero es que por la mañana lloviznaba y cuatro horas de visita las consideramos más que suficientes.
A pesar de la lluvia matinal, la temperatura aquí no baja. El sol a vuelto a aparecer (mejor para las fotos) y bajo él hacemos cola juntamente a otros centenares de personas, la mayoría chinos.
Entrar en la Ciudad Prohibida nos produce cierta excitación. Imaginamos otras épocas dónde sólo los escogidos podían acceder aquí, asuntos importantes se dirimían, el emperador se paseaba y todos los otros lo admiraban o confabulaban en contra de él. Ya estamos dentro y admiramos los cinco puentes que atraviesan el arroyo y dan acceso a un nivel más central, más importante. El central era para los emperadores, los que lo flanquean para sus familias y los otros dos para los funcionarios. A cada paso nos adentramos en zonas más íntimas, más reservadas,
pero en nuestros tiempos ya no tanto.Vamos recorriendo los palacios, todos similares pero todos diferentes, cada uno con una función diferente, cada uno con anécdotas diferentes, pero todos iguales al cabo de unas horas.
Hay mucha gente. Grupos de personas se amontonan aquí y allí, delante de las puertas de los palacios. No dejan ningún espacio. No respetan nada ni a nadie. Todo el mundo quiere estar a primera línea y a gritos en la oreja, a codazos y pisotones avanzan hasta su objetivo. Si hemos venido a la guerra, que así sea! Yo he venido de más lejos que muchos de ellos. No me quitarán la plaza que tanto me ha costado conseguir. Y rápidamente veo que son fáciles de sacudir; si avanzas con determinación y sin remordimientos un camino se abre delante de ti.
Y de repente ya son las cinco de la tarde.
Se acerca el final del día. Hoy tampoco saldremos.
Mañana queremos ir a Simatai, una de las tres secciones de la Gran Muralla próximas a Beijing, pero la más alejada, la menos turística. Pasamos por el supermercado, cenamos rápido en el hotel y descansamos. Hoy hemos andado todo el día y hemos repartido bastantes codazos y mañana nos espera un día duro también. Me encantan las vacaciones!!!

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